Trump ofreció armas estadounidenses a Xi, según su propio embajador. Trump dice que no, aunque quizá sea buena idea.
En apenas dos días, Washington ha producido tres posturas oficiales sobre la venta de armas a China. El embajador en Pekín dijo que el presidente las había ofrecido. El Departamento de Estado dijo que la ley lo prohíbe. Y el presidente dijo que nunca ocurrió, aunque quizá no sería mala idea. Los diplomáticos lo llaman ambigüedad estratégica. El resto del mundo lo llama una semana normal en Washington.

Versión uno: el embajador
Todo empezó en Fox News Sunday, donde David Perdue, embajador de Estados Unidos en China, explicaba el apoyo militar estadounidense a Taiwán. De paso, compartió un detalle de la visita de Estado de Xi Jinping a Washington: «En algún momento, de hecho, le preguntó al presidente Xi si le gustaría comprar algunas». El que preguntaba era el presidente. Las «algunas» eran armas estadounidenses.
Como argumento de venta, es audaz. Estados Unidos no vende armas a China desde los años ochenta, y Washington considera oficialmente a Pekín un adversario extranjero. Ofrecerle el catálogo es como si un banco invitara al ladrón a abrir una cuenta de ahorro.
Versión dos: el Departamento de Estado
El lunes, el Departamento de Estado emitió una aclaración del tipo que suele reservarse para una caja de cereales mal etiquetada: «La ley estadounidense prohíbe la venta de armas a China y no existe ninguna oferta ni plan para venderle armas». Otro funcionario añadió que el Gobierno «no tiene planes de vender armas a China». Dos desmentidos en un solo día: la prueba más clara posible de que no pasó absolutamente nada.

Versión tres: el presidente
Después habló el propio presidente. «Nunca había oído eso», dijo Trump, antes de oírlo casi de inmediato: «No, probablemente les gustaría comprarlo, porque fabricamos mejor equipo que ese, así que quizá sea buena idea. Pero no lo hablamos». También sugirió que su embajador probablemente se refería a Taiwán.
Se trata del mismo Taiwán cuyo paquete de armas de 14.000 millones de dólares Trump congeló en mayo, después de que Xi le sacara el tema. Así, la isla que sí quiere comprar armas estadounidenses sigue en la cola, mientras el país al que esas armas deben disuadir recibe, en el peor de los casos, una oferta hipotética y, en el mejor, un cumplido sobre su buen gusto.
En Pekín, los analistas estudian ahora la transcripción para averiguar si fue una broma, una maniobra o una llamada comercial. Pueden estar tranquilos: Washington tampoco lo ha decidido. Por ahora, la postura oficial de Estados Unidos es que no ofreció armas a China, que legalmente no puede vendérselas y que fabrica armas mucho mejores que las chinas. Por si alguien preguntaba.
